Miércoles
Jun 10,2009

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En la vida para creer y luchar por un objetivo hay que tener fe y convicción. En el caso de la Selección Nacional he escrito en forma reiterada que el fin de este proyecto de Reynaldo Rueda culminará en Sudáfrica el próximo año.

Las derrotas en San José y Chicago y el empate en Tobago, donde seguramente todos los demás aspirantes a estar en el Mundial ganarán, han provocado pesimismo, desgano e incredulidad en decenas de compatriotas.

Mucha gente con la que hablo a diario argumenta que los malos resultados son producto de algunas malas decisiones de Reynaldo Rueda y la falta de compromiso de varios jugadores como por ejemplo Edgard Alvarez.

En lo particular no considero justo criticar al seleccionador al tenor de los resultados. Rueda ha actuado en la mayoría de los casos con coherencia y sentido común, por lo tanto hay que seguirle dando crédito y el respaldo que se requiere para quedar entre los primeros tres de la hexagonal.

Hoy es imperioso obtener los tres puntos. El boleto a Africa depende de nosotros mismos. Hay que ganar en casa todos los partidos e ir a México a puntuar. Así que hoy debemos de apoyar con todo a nuestra selección, olvidarnos de los malos resultados y confiar en este equipo que sabemos tiene calidad para vencer a El Salvador.

Decenas de costarricenses han entrado a este blog a burlarse de la Bicolor. No he moderado esos comentarios porque eso fomenta discrepancias y el fútbol es para unir a los pueblos. Felicito al equipo de Kenton, pero no hay que tenerle envidia.

El público debe apoyar y el plantel trabajar. Hay que hacerlo con entusiasmo y compromiso, pero sobre todo, con fe y convicción. Si lo hacemos así estaremos en Sudáfrica. Tenemos con qué.

Que duden los demás

Viernes
Jun 5,2009

aficion-invasion-catracha_nota_principal_espd11Pablo Herrera acababa de anotar el tercer gol de Costa Rica y de pronto una dama que sabe mucho de fútbol me quedó viendo y, como si supiera lo que estaba pensando, me dijo: “No te preocupés, el sábado estarán a prueba los dos años de trabajo de Rueda. Además, tenemos equipo para ganar en Chicago”.

Lo admito: por un momento, la jerarquía, el fútbol fluido y la contundencia del equipo de Kenton generaron que lo viera ya en Sudáfrica. Después, ya en frío, reaccioné: los ticos lo único que hicieron el miércoles fue cumplir con la obligación máxima en esta eliminatoria: ganar de local.

Y eso es lo que haremos hoy: triunfar con el apoyo incesante de más de 30 mil hondureños que por la nostalgia de vivir lejos de su patria gritarán más que nunca. Transmitirán su fervor y mandarán a la Bicolor a salir a buscar el partido.

Igual que hace ocho años en Washington, seremos locales y esos tres puntos pueden ser la clave para decantar la eliminatoria a nuestro favor. Nuestro equipo tiene madurez, hambre, fútbol, trabaja bien los partidos, distintas formas de llegar al gol y el respaldo de esas 30 mil gargantas -si no es que más-.

Más que la victoria épica de 2001, lo que más recuerdo de esa mañana inolvidable en el Memorial Robert F. Kennedy, RFK, es la cara de sorpresa de los jugadores estadounidenses cuando saltaron a la cancha. Su estadio, el de la propia capital, estaba vestido de azul y blanco.

Y esa postal, sin duda alguna, se repetirá hoy y hará dudar, aún más, a un equipo que llega golpeado y con muchas preguntas sin respuestas, tras el varapalo sufrido en San Juan de Tibás.

Una derrota como la del miércoles deja secuelas. Se pierde la confianza, la autoestima se cae y los nervios salen a relucir. Es cierto, el equipo norteamericano es experimentado, casi todos sus jugadores militan en clubes de Europa y son fríos. Pero ese baile del miércoles les tuvo que haber calado hondo.

Nosotros no tenemos por qué dudar. Que duden ellos, que dude México. He escuchado a muchas personas que dan por hecho que un equipo como el de Estados Unidos no puede perder dos partidos seguidos.

Hace unos meses muchos decían que era imposible hilvanar dos triunfos consecutivos ante México. ¿Y qué pasó? En el segundo partido no sólo le ganamos, sino que le pasamos por encima y pudimos haberle propinado una goleada de mayores proporciones.

Escuchaba a José Ramón Fernández, experimentado comentarista mexicano, luego del triunfo tico, que para él los tres clasificados al Mundial son Costa Rica, Estados Unidos y Honduras. En el cuarto ubicó a México, incluso se refirió a un hipotético enfrentamiento contra Uruguay por la repesca.

Perfecto, que tiemblen los demás.
Nosotros sigamos igual. Paso a paso, respetando a los rivales, apoyando al máximo y generando ese clima de tranquilidad que refuerza el trabajo de Rueda y los jugadores.

El espíritu de Washington y de Montreal estará hoy en Chicago y siento sana envidia por todos aquellos catrachos que sin conocerse se saludarán como hermanos en la Ciudad de los Vientos y que se conmoverán cuando vean a ese equipazo vestido de azul y blanco saltar a la cancha.

Viernes
Mar 27,2009

Mucha gente anda decepcionada por lo que está ocurriendo en Honduras. Mientras todos los países toman medidas contra la crisis financiera que desangra al mundo, en la tierra de Morazán el gran tema es la cuarta urna. Un total disparate.

Hay gente que está sufriendo la pérdida de sus seres queridos por una inseguridad que nos acorrala, hay miles de desempleados, profesionales que se gradúan que no tienen donde desarrollar las habilidades que aprendieron en muchos días y noches de estudio.

Es nuestro equipo. Para muchos es su inspiración, su bálsamo para aliviar todos sus problemas, su antiestrés, su felicidad momentánea.

El equipo nacional representa, para los que tienen pocas alegrías y viven en la adversidad, algo similar a lo que significó el boxeador norteamericano James Bradock para los estadounidenses cuando la recesión económica los asfixió en la década del 30.

Cuando arrancaba la década del 30, Bradock vivía bien, sus negocios caminaban. De pronto, la gran depresión económica lo llevó a la ruina. Trabajaba de lo que fuera y comía salteado; vivió de la ayuda pública y las autoridades le retiraron su licencia de boxeador porque entró en pleno declive.

Todo pintaba mal. Pero siempre, siempre, siempre, hay una luz al final del túnel: se le presentó una oportunidad de retornar al boxeo y no la desaprovechó. Ahora iba a pelear por la leche de sus hijos, para pagar la luz. Y empezó a ganar, a ganar, a ganar, hasta arrebatarle el título de los pesados al campeón Max Baer.

Su esfuerzo, su aplomo y su coraje fueron la inspiración para que miles de norteamericanos afrontaran la crisis con valentía. En aquellos tiempos sólo una de cada cuatro personas tenía trabajo en el gran país del norte; millones vivían de una pequeña pensión que ordenaron los presidentes de esa fatídica época, Herbert Clark Hoover y Franklin Delano Roosvelt. Bradock fue para los estadounidenses lo que la Selección representa para miles de hondureños en estos momentos.

Antes de que comenzara la eliminatoria, entendidos y otros no tanto, coincidían en que íbamos a clasificar caminando. Del 12 de febrero a esta fecha la historia es otra. Perdimos feo en Costa Rica, Noel Valladares apenas jugó, Muma quedó fuera porque en Bélgica casi no lo toman en cuenta, Edgard álvarez renunció a la convocatoria y David está fuera de combate por lesión.

Y desde Costa Rica y México atacan nuestro estado de ánimo, los primeros con burlas y los segundos minimizándonos. Están en su derecho: en la guerra y el amor todo se vale.

Con los primeros ajustaremos cuentas el 12 de agosto y contra los segundos el próximo miércoles. Antes está Trinidad, la enfrentaremos con fe, sabiendo que un punto es plata y que los tres son oro.

Retornó Rambo y se siente la alegría. Maynor da seguridad y seriedad en el fondo, el optimismo de Amado contagia, y Carlos Pavón, el nueve más goleador en la historia de nuestro equipo nacional, entra en escena.

Hay que confiar y respaldar a nuestra Selección. Las pocas alegrías que recibimos son de su parte, nos hace sentir orgullosos. Además, como dice Paulo Coelho, “la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante” Y el sueño, obviamente, es estar en Sudáfrica.

Martes
Jul 29,2008

En 1993 conocí en persona al doctor Juan Leonardo Alvarado. Era conversador por excelencia, jovial y amante del fútbol de los sesenta y setenta. Cuando él llegaba a la sala de redacción de LA PRENSA irradiaba alegría, aconsejaba y debatía. Siempre tenía una respuesta y sus escritos tenían fuerza, sentido común y pasión. Por eso, como un homenaje póstumo, decidí tras recibir el visto bueno de su familia, que esta columna se llamara como la de él: Mi columna.

Nuestro rotativo inicia hoy su cuenta regresiva rumbo a los Juegos Olímpicos, la Eurocopa y el camino mundialista de nuestra Selección Nacional. Serán seis meses frenéticos, de pasión, expectativas y, estoy seguro, de más alegrías que tristezas. (más…)