Aunque no ganó las vueltas, los números de Marathón son impresionantes: anotó más de dos goles por partido. Su fútbol fue extremadamente vertical, estaba obsesionado con el marco contrario y eso en estos tiempos de especulaciones y tacañerías se agradece. Fue de los pocos equipos por los cuales valió la pena pagar la entrada al estadio.
Además, en el mano a mano ante Real España salió bien librado y el reglamento le favorece en caso de empate en puntos y diferencia de goles. A pesar de estos argumentos considero que Real España ganará la serie y avanzará a la final.
¿La razón? El factor Primi. Ramón Maradiaga no sólo es el mejor entrenador de Honduras, sino que es el más valiente. Su plan de juego es agresivo, los jugadores creen en él y, sobre todo, impone y respeta su estilo.
Ahí radicó su triunfo en Motagua, ahí se gestó la conformación de una Selección Nacional, que si bien es cierto ganó poco comparado con el potencial que tenía, adquirió un estilo que es lo que más cuesta lograr en el fútbol. Ésa es la frontera entre los que ganan un título y los que marcan una época. “Chito” Reyes, Gilberto y Treviño fueron campeones con Motagua, pero, ¿quién se acuerda de ellos? Primi, en cambio, es un ícono del Ciclón.
Muchos amigos y periodistas coinciden en que el Vida se salvó por ayudas externas. Yo pienso que no. Si así fuera, el fútbol en Honduras no tendría razón de ser. El Vida ha sido mal dirigido en los escritorios, no tiene un proyecto, todo es improvisación e improvisación, pero tiene una gran afición y es una institución noble y querida en todo el país.
Por esa razón, el mejor regalo que jugadores y entrenadores se pueden dar es callar las voces malintencionadas, salir a jugar con ilusión, inspiración, concentración, hombría y buen fútbol como lo hicieron ante Real España y Marathón.
Si cumple estos parámetros no tengo ninguna duda de que eliminará a Olimpia y su milagro de salvarse y llegar a la final coronará una campaña épica e increíble, cargada de dolor, impotencia y sufrimiento, pero también de alegría.
En el banquillo, Vida está súper bien dirigido. Se conjugan la sabiduría de Nahúm con la emotividad de Calderón. Esta simbiosis ha sido explosiva. El primero pone el conocimiento; el segundo, el corazón, la pasión y el amor por los colores.
Enfrente estará Olimpia. Me emociono cuando este equipo sale a la cancha, pero cuando lo veo jugar me aburre y me hace añorar aquel equipo que ganaba y, que fundamentalmente, daba espectáculo. Esas dos circunstancias -triunfos y fútbol show- generaron que los merengues adquirieran la condición de fenómeno social y que despertaran la envidia y admiración en todo el país y Centroamérica.
“No seas anticuado. En el fútbol lo que importa es ganar y punto”, me dijo un amigo. Inmediatamente me acordé del Juan Carlos Espinoza jugador. JC Tenía elegancia para distribuir el balón, una técnica depurada, una visión de cancha privilegiada, le pegaba bien con las dos, mataba o le metía ritmo a los partidos según su conveniencia y asumía siempre el compromiso de agradar a los aficionados que hacían un gran esfuerzo económico por ir a ver al Olimpia. Hoy ya no pasa esto, los que nos gusta el fútbol extrañamos aquel Viejo León. Y que conste, Juan Carlos no es el culpable.
“Todo lo que somos capaces de soñar, somos capaces de conseguirlo”, dijo Pat Riley, campeón con los Lakers y los Miami Heat en la NBA.
“Los sueños se agotan y necesitan ser renovados. Frente a aquellos que creen que soñar es una característica de la gente ilusa, nosotros defendemos la tesis de que es una característica de la gente inconformista”, señalaron el economista Juan Mateo y el ex futbolista y ex entrenador Jorge Valdano en su libro Liderazgo.
Hago alusión a estas dos teorías de tres súper triunfadores en el mundo del deporte y de las finanzas para referirme a las declaraciones de Ramón Maradiaga. “Primi” nos pidió poner los pies sobre la tierra sólo porque estamos ilusionados con puntuar en el Azteca y porque soñamos con ir al Mundial. (más…)