Viernes
May 15,2009

espama1

Da tristeza y decepción que ahora se hable más de los dispositivos de seguridad que de este apasionante clásico, más de las batallas campales que de la pelota, más del odio patológico de grupúsculos de delincuentes que de la historia de este vibrante duelo. Ya es tiempo que la Policía pare esta barbarie o que los antisociales recapaciten, levanten la bandera de paz y se unan a la fiesta.

Ahora, al fútbol. Real España es mejor equipo, es un bloque más compacto que Olimpia y tiene a Ramón Maradiaga. Hace doce días, cuando la mayoría daba a Marathón como favorito, apelé al “factor Primi” para explicar porque, a mi juicio, los aurinegros iban a ser finalistas.

Sigo pensando que Maradiaga por su experiencia y atrevimiento le da un plus de ventaja al Real España, pero Olimpia es Olimpia.

Recuerdo la final de 1987 frente a Marathón, los partidos de enero de 2001 clasificatorios para el Mundial de Clubes ante Toluca y Pachuca y la final de 2002 contra Platense en el Olímpico. A los cuatro juegos Olimpia llegó en plan de víctima y en los cuatro terminó festejando.

Nombre por nombre, los del León son más rutilantes. Además, hay factores imponderables que definen el resultado de un partido, como una expulsión tempranera, una desconcentración, una genialidad o un error del árbitro.

Planteado este panorama, no puedo descartar a Olimpia de un plumazo. Lo que sí puedo hacer es ilusionarme con una fiesta inolvidable, con un fútbol de alto vuelo y con una rivalidad deportiva que dejará chiquito al Morazán y paralizará a Honduras a través de la televisión.

Decía William “Bill” Shankly, el escocés que resucitó al Liverpool en las décadas de los sesenta y setenta, que “el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso”. Mientras tanto, Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, señaló que su equipo “debe ganar por lo civil o por lo criminal” en alusión al partido que los colchoneros disputarán hoy con el Valencia en el que está en juego un boleto a la Champions.

Así debe ser el partido de esta noche. De alarido, disputado con ardor. Pero en la cancha. En las graderías que se siga el ejemplo de lo vivido semanas atrás en Europa. El Boca-River, el Fla-Flu, el Inter-Milán y Roma-Lazio se quedan cortos ante la grandeza del Real Madrid-Barcelona. Y en el Bernabéu hace tres sábados no sólo estuvo en juego el título, sino el orgullo y una disputa regional con matices políticos, pues los catalanes consideran a Cataluña una república dentro de España.

¿Y qué pasó?  Barcelona se fue feliz bajo una lluvia de aplausos en la propia catedral del Madrid después del inapelable y maravilloso 6-2. Cuatro días después en Stamford Bridge el equipo de Guardiola clasificó a la final de la Champions gracias a un escandaloso arbitraje del sicólogo noruego Tom Henning Ovrebo. No fueron dos ni tres los penales que dejó de sancionar a favor de los locales. Fueron cuatro. ¿Y qué pasó? El árbitro se fue abucheado, el Barça celebró el pasaje a Roma en forma eufórica, mientras el público del Chelsea reconocía con cánticos y aplausos el esfuerzo de sus guerreros.

Sigamos el ejemplo y civismo de los europeos. De lo único que se debe hablar hoy después de las 9.20 de la noche es del gran espectáculo que nos regalaron uno y otro. Del respetuoso comportamiento de la afición. Los nombres ilustres de Real España y Olimpia no los queremos ver en las páginas de sucesos de los diarios. Las instituciones no se lo merecen.  Y las familias que aman al fútbol tampoco.

Para mí gana Real España

Viernes
Sep 26,2008

Mi primera vez fue inolvidable. Estadio lleno, emoción desbordada y dos equipos que no se guardaron nada. Era en aquellos tiempos en que se jugaba por amor a la camisola.

Estaba en preferencia norte con mi tío Pedro y Juan Carlos Espinoza la recibió pegadita a la línea de cal, cerca del banderín de esquina. Empezó a regatear a cuanto rival salía a marcarlo. Iba a entrar al área cuando decidió rematar. Fue un derechazo cruzado, a ras de piso, el uruguayo Poyú voló, pero fue imposible. El más talentoso que nació en Tela había embarazado las redes.

Celebraron no más de tres mil. Era en aquellos años en que los aficionados del Real España cabían en un volkswagen. La mayoría, ¡unos 17 mil esmeraldas!, se fueron cuando dormía el sol a sufrir, aún más, el síndrome del domingo por la tarde.

Luego, muchos años después, me tocó el turno de vivirlo como reportero. Marathón tenía como cinco años de no salir sonriendo de un clásico. Recuerdo la expectación que despertó ese partido. Era el debut del “Dream team”, así bauticé al equipo que armó el búlgaro Arahangel Gigov. Nuevamente estadio a reventar. Durante la semana la gente no paró de llamar a las emisoras explicando por qué iba a ganar su equipo. (más…)