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No debemos ser anárquicos. Muchos, en vez de sentirse alegres por la victoria y porque nos hallamos en zona de clasificación, están tristes y molestos por el trámite del partido contra El Salvador.   En lo particular, a mí tampoco me gustó cómo jugó la Selección. No tuvo claridad, no le dio buena circulación a la pelota y, por esas causas, careció de profundidad.

Los jugadores y el cuerpo técnico deben ser los primeros inconformes. Estoy convencido de que así es.   Pero no hay que hacer drama ni perder la objetividad cuando se dan partidos como el del miércoles, en el que se conjugan desaciertos nuestros con virtudes del rival.   ¿Acaso el adversario no juega? No minimicemos a El Salvador. El equipo de Carlos de los Cobos juega realmente bien.

El sábado anterior se impuso a México y unos días antes venció claramente por 3-1 a Ecuador en terreno neutral.   ¿Y qué pasó con Ecuador esta semana? Venció 2-1 a Perú en Lima y 2-0 a Argentina en Quito. Entonces, jugamos ante un equipo de calidad, que está bien trabajado. Respetemos, el equipo cuscatleco juega ordenado, su accionar es consistente, mueve bien la pelota y es aplicado en lo táctico.

Además, en el fútbol de hoy, cualquiera, por mucho palmarés que tenga, puede perder con cualquiera. Miremos el caso de Portugal que está a punto de quedar eliminado del Mundial o el de Argentina que con Messi, Kun y Tévez está sufriendo para lograr el boleto.   Ya faltan pocos meses para que la eliminatoria concluya. Ahora es cuando más unidos debemos estar.

Este proceso de Rueda ha sido respaldado como ninguno. Y, hoy por hoy, estamos logrando el objetivo. Sigamos así.   Esto no quita que no se pueda hacer alguna crítica. Por ejemplo, en mi caso, no entiendo algunas contradicciones de Rueda. “Jugará el que mejor ande, el que esté teniendo continuidad”, ha dicho hasta la saciedad. Por eso encuentro inexplicable la ausencia de Víctor Bernárdez, quien acababa de disputar una final en Bélgica, por un jugador como Beata que tenía más de un mes de estar inactivo. O la inclusión de “Pery” Martínez, que prácticamente no jugó los últimos cuatro meses.

También considero un desacierto que la Selección no tenga un segundo portero que sea parte del proceso, pero este caso como el anterior cada quien lo interpreta a su manera. Él puede argumentar que no tiene la culpa del ostracismo en que cayeron Bodden, Kevin Hernández y Víctor Coello o que no se responsabiliza por la falta de temperamento de Orlin Vallecido, quien era su portero número uno.   Ayer trascendió que el seleccionador había renunciado y se armó un alboroto.

La conferencia de prensa después del partido terminó en forma abrupta, porque el sudamericano se sintió cuestionado. Esto pinta mal, no volvamos a los vicios del pasado, por lo menos deberíamos tener dos puntos más en la tabla de posiciones, pero vamos bien.   Critiquemos, pero con respeto y argumentos. No por ganar protagonismo.

Lo repito: creo en la capacidad de Rueda y en la de su equipo de trabajo. Su profesionalismo está fuera de discusión, por lo que es imposible pensar en que puede dar un paso al costado.   Seamos maduros y atraigámosle cosas positivas a nuestro equipo nacional. Recordemos la premisa de Mike Dooley en El Secreto: “Los pensamientos se transforman en cosas”.

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