aficion-invasion-catracha_nota_principal_espd11Pablo Herrera acababa de anotar el tercer gol de Costa Rica y de pronto una dama que sabe mucho de fútbol me quedó viendo y, como si supiera lo que estaba pensando, me dijo: “No te preocupés, el sábado estarán a prueba los dos años de trabajo de Rueda. Además, tenemos equipo para ganar en Chicago”.

Lo admito: por un momento, la jerarquía, el fútbol fluido y la contundencia del equipo de Kenton generaron que lo viera ya en Sudáfrica. Después, ya en frío, reaccioné: los ticos lo único que hicieron el miércoles fue cumplir con la obligación máxima en esta eliminatoria: ganar de local.

Y eso es lo que haremos hoy: triunfar con el apoyo incesante de más de 30 mil hondureños que por la nostalgia de vivir lejos de su patria gritarán más que nunca. Transmitirán su fervor y mandarán a la Bicolor a salir a buscar el partido.

Igual que hace ocho años en Washington, seremos locales y esos tres puntos pueden ser la clave para decantar la eliminatoria a nuestro favor. Nuestro equipo tiene madurez, hambre, fútbol, trabaja bien los partidos, distintas formas de llegar al gol y el respaldo de esas 30 mil gargantas -si no es que más-.

Más que la victoria épica de 2001, lo que más recuerdo de esa mañana inolvidable en el Memorial Robert F. Kennedy, RFK, es la cara de sorpresa de los jugadores estadounidenses cuando saltaron a la cancha. Su estadio, el de la propia capital, estaba vestido de azul y blanco.

Y esa postal, sin duda alguna, se repetirá hoy y hará dudar, aún más, a un equipo que llega golpeado y con muchas preguntas sin respuestas, tras el varapalo sufrido en San Juan de Tibás.

Una derrota como la del miércoles deja secuelas. Se pierde la confianza, la autoestima se cae y los nervios salen a relucir. Es cierto, el equipo norteamericano es experimentado, casi todos sus jugadores militan en clubes de Europa y son fríos. Pero ese baile del miércoles les tuvo que haber calado hondo.

Nosotros no tenemos por qué dudar. Que duden ellos, que dude México. He escuchado a muchas personas que dan por hecho que un equipo como el de Estados Unidos no puede perder dos partidos seguidos.

Hace unos meses muchos decían que era imposible hilvanar dos triunfos consecutivos ante México. ¿Y qué pasó? En el segundo partido no sólo le ganamos, sino que le pasamos por encima y pudimos haberle propinado una goleada de mayores proporciones.

Escuchaba a José Ramón Fernández, experimentado comentarista mexicano, luego del triunfo tico, que para él los tres clasificados al Mundial son Costa Rica, Estados Unidos y Honduras. En el cuarto ubicó a México, incluso se refirió a un hipotético enfrentamiento contra Uruguay por la repesca.

Perfecto, que tiemblen los demás.
Nosotros sigamos igual. Paso a paso, respetando a los rivales, apoyando al máximo y generando ese clima de tranquilidad que refuerza el trabajo de Rueda y los jugadores.

El espíritu de Washington y de Montreal estará hoy en Chicago y siento sana envidia por todos aquellos catrachos que sin conocerse se saludarán como hermanos en la Ciudad de los Vientos y que se conmoverán cuando vean a ese equipazo vestido de azul y blanco saltar a la cancha.

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