La alegría colectiva en un país tan hermoso como el nuestro, pero castigado y saqueado por vividores, es un hecho extraordinario que emociona e inspira.

Lo sucedido entre el sábado anterior y el miércoles nos deja varias lecciones. La primera es que las grandes victorias se edifican en medio de la adversidad.

El empate de Trinidad en el último minuto caló hondo. Un proverbio chino dice: “Si te caes siete veces, levántate ocho”. Eso fue le que hizo el equipo nacional. Hubo autocrítica, el grupo se unió aún más, olvidó rápido esa fatalidad y trabajó fuerte para vencer a México.

La segunda lección es la valentía. Noel tuvo mucho que ver en el gol caribeño, él lo sabía y andaba cabizbajo. Levantarle la moral era el reto. En lo futbolístico es un guardameta probado y de mucha experiencia.

Rueda y los jugadores lo respaldaron y él, sobre todo él, creyó en sus condiciones y salió a jugar el partido de su vida, ofrendando un esfuerzo sobrehumano y dejando clara en cada una de sus intervenciones su calidad como portero.

La tercera es la solidaridad. “La afición se portó en forma excepcional, pero después de ellos el mejor jugador fue Noel Valladares porque se sacrificó. Decidió jugar lesionado el segundo tiempo y eso es admirable”, expresó Maynor Figueroa en Diez. Costly dijo en LA PRENSA: “Les pagué la deuda. El culpable de lo que pasó en Trinidad fui yo, no Noel”.

Esas dos frases ilustran el estupendo ambiente que hay en la Selección. Reflejan que no hay divisionismo. Que se pone el pecho por el compañero.

La cuarta es la perseverancia. Carlos Pavón nos ha dado, nuevamente, un ejemplo de garra, coraje y profesionalismo. Esa corrida dejando inerte en el pasto a Carlos Salcido cuando el partido ya moría no representa a una persona de 35 años ni a alguien que ya resolvió su vida desde el punto de vista económico.

Esa corrida representa a un tipo con sed de triunfo, a alguien que se ha cuidado en su vida privada, a un señor que tiene sueños y que quiere la gloria: coronar su brillante carrera en Sudáfrica.

Y la quinta lección es que JUNTOS PODEMOS. La unión y la confraternidad vuelven poderosa a esta bella nación, la cual lamentablemente sólo se convierte en una sola cuando juega la Selección Nacional.

Antes del miércoles había mucho escepticismo. Pero llegado el día no podíamos dejar solos a nuestros guerreros. Miles se fueron al Olímpico a quedarse sin cuerdas vocales, a inyectarle ánimo a un equipo que tenía fútbol para competir con cualquiera, pero que había perdido confianza.

Después de la brillante tapada de Noel al minuto dos, el triunfo era cuestión de tiempo. El equipo nacional ya había recuperado la fe y recibido el envión anímico para ir a buscar el partido. Lo que vino después es para no olvidarlo nunca. Gente que no se conocía abrazándose después de cada gol, gritos de euforia, lágrimas de emoción. Era el pueblo en ebullición celebrando otro paso hacia Sudáfrica. Era el ejemplo, el lindo ejemplo de que cuando el país se une es GRANDE.

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