Mucha gente anda decepcionada por lo que está ocurriendo en Honduras. Mientras todos los países toman medidas contra la crisis financiera que desangra al mundo, en la tierra de Morazán el gran tema es la cuarta urna. Un total disparate.

Hay gente que está sufriendo la pérdida de sus seres queridos por una inseguridad que nos acorrala, hay miles de desempleados, profesionales que se gradúan que no tienen donde desarrollar las habilidades que aprendieron en muchos días y noches de estudio.

Es nuestro equipo. Para muchos es su inspiración, su bálsamo para aliviar todos sus problemas, su antiestrés, su felicidad momentánea.

El equipo nacional representa, para los que tienen pocas alegrías y viven en la adversidad, algo similar a lo que significó el boxeador norteamericano James Bradock para los estadounidenses cuando la recesión económica los asfixió en la década del 30.

Cuando arrancaba la década del 30, Bradock vivía bien, sus negocios caminaban. De pronto, la gran depresión económica lo llevó a la ruina. Trabajaba de lo que fuera y comía salteado; vivió de la ayuda pública y las autoridades le retiraron su licencia de boxeador porque entró en pleno declive.

Todo pintaba mal. Pero siempre, siempre, siempre, hay una luz al final del túnel: se le presentó una oportunidad de retornar al boxeo y no la desaprovechó. Ahora iba a pelear por la leche de sus hijos, para pagar la luz. Y empezó a ganar, a ganar, a ganar, hasta arrebatarle el título de los pesados al campeón Max Baer.

Su esfuerzo, su aplomo y su coraje fueron la inspiración para que miles de norteamericanos afrontaran la crisis con valentía. En aquellos tiempos sólo una de cada cuatro personas tenía trabajo en el gran país del norte; millones vivían de una pequeña pensión que ordenaron los presidentes de esa fatídica época, Herbert Clark Hoover y Franklin Delano Roosvelt. Bradock fue para los estadounidenses lo que la Selección representa para miles de hondureños en estos momentos.

Antes de que comenzara la eliminatoria, entendidos y otros no tanto, coincidían en que íbamos a clasificar caminando. Del 12 de febrero a esta fecha la historia es otra. Perdimos feo en Costa Rica, Noel Valladares apenas jugó, Muma quedó fuera porque en Bélgica casi no lo toman en cuenta, Edgard álvarez renunció a la convocatoria y David está fuera de combate por lesión.

Y desde Costa Rica y México atacan nuestro estado de ánimo, los primeros con burlas y los segundos minimizándonos. Están en su derecho: en la guerra y el amor todo se vale.

Con los primeros ajustaremos cuentas el 12 de agosto y contra los segundos el próximo miércoles. Antes está Trinidad, la enfrentaremos con fe, sabiendo que un punto es plata y que los tres son oro.

Retornó Rambo y se siente la alegría. Maynor da seguridad y seriedad en el fondo, el optimismo de Amado contagia, y Carlos Pavón, el nueve más goleador en la historia de nuestro equipo nacional, entra en escena.

Hay que confiar y respaldar a nuestra Selección. Las pocas alegrías que recibimos son de su parte, nos hace sentir orgullosos. Además, como dice Paulo Coelho, “la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante” Y el sueño, obviamente, es estar en Sudáfrica.

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