“El éxito es el resultado obligado de la constancia, de la responsabilidad, del esfuerzo, de la organización y del equilibrio entre la razón y el corazón”.

El concepto de la palabra éxito que nos regala el diccionario de la Real Academia Española sintetiza el ir y devenir de dos de los jugadores más importantes que registrará la historia de nuestro fútbol.

Son tan distintos, pero tan parecidos. Tienen en común más de quince años de ilustre carrera y los deseos de trascender, de generar alegría, de dignificar su profesión.

Hoy, el destino los vuelve a poner frente a frente, como referentes y mejores jugadores de sus equipos. De un lado, el nueve depredador; del otro, el alma de un equipo que vive de las rentas.

Recuerdo los inicios del capitán aurinegro. El entrenamiento terminaba y él se quedaba solito trabajando en definición. No importaba si llovía o si ya era de noche, iba a cabecear al primer poste al segundo, perfeccionaba su pegada, aprendía a desmarcarse.

Poco a poco conoció el oficio y empezó a vivir del gol, a nutrirse de esa dosis extra que necesita todo delantero para diferenciarse de los demás: sangre fría para matar.

Luego vino la historia que ya todos conocemos. Su pase al fútbol español cuando aún era un veinteañero, su consagración en el fútbol mexicano, adonde se ganó el respeto de todos; sus buenas actuaciones en Italia, Colombia, Guatemala, Estados Unidos y sus decenas de goles con la gloriosa azul y blanco.

A pesar de todos sus pergaminos, hay un hecho que hace más grande al nueve españolista: su lealtad a su primer y gran amor, el Real España.

La historia del enanito que deslumbró siendo un cipote en el Deportes Progreseño es más o menos parecida a la de Pavón. fue ídolo en el Comunicaciones de Guatemala y Nacional de Uruguay, uno de los equipos más grandes del mundo según la Fifa, después militó en el fútbol de Inglaterra, Grecia, México y Guatemala.

Hoy, el fútbol de Milton ha cambiado. Ya no es aquel delantero veloz, explosivo y goleador.  Ahora es más cerebral, juega para el equipo, es un obrero más. Para mí es el mejor del Marathón.

A Pavón y a Tyson la historia en algunos años los definirá como legendarios. Hoy sólo son un ejemplo. Ellos nos han demostrado que por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.

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