La vida está marcada por el amor y el desamor, por los éxitos y los fracasos. Esos desafíos fortalecen a los hombres y los preparan para el triunfo. Uno de los que ha transitado mejor que nadie estos valladares y hoy se encuentra a 90 minutos de entrar en la leyenda del fútbol hondureño es Amado Guevara, capitán de la Selección Nacional.

Unos amigos me pidieron que escribiera sobre los puntos de vista expuestos por el mexicano David Faitelson, pero ¿para qué?, ¿cuál sería el objetivo?; además, el periodista no es tan importante para nosotros como lo es el hombre en cuestión.

Amado ha sido criticado, vetado, insultado. Lo llegaron a tildar de mercenario, de vendido. Cuando reclamó dinero que se ganó con sudor y sangre le dijeron apátrida.

Hoy, el mediocampista goleador, el volante armador, el todocampista destructor (sí, todo es eso Amado Guevara), tiene la responsabilidad de guiar al equipo nacional al Mundial.

Sí, eso significa el partido de esta noche: el Mundial. Falta la hexagonal, es cierto, pero clasificar hoy evita otros cuatro años de amargura y nos da ese plus de temple y personalidad que nos faltó para llegar a Japón y Corea 2002 y Alemania-2006 a pesar de que el equipo tenía buenas respuestas en la cancha.

El partido de hoy no sólo se gana con fútbol, también con el grito ensordecedor de 40 mil almas, pero, sobre todo, con garra y coraje. Y en ese contexto, se erige monumental la figura del capitán. En su partido 115 con la camiseta nacional se resume la carrera de este icono azul y blanco que ha defendido con gallardía la camiseta más amada y querida por los hondureños.

Amado, tú puedes. Guía a este equipo al triunfo, ya lo has hecho muchísimas veces, te queremos ver intercambiando banderines en Sudáfrica con los capitanes de nuestros rivales, empapando con sudor esa bendita playera y peleando cada pelota como si fuera la última. No nos puedes fallar.