Reinaldo Rueda es el hombre que nos llevará al Mundial. Tiene capacidad, experiencia, conoce ya el comportamiento de los hondureños, la idiosincrasia de los futbolistas nacionales y los vaivenes de la eliminatoria de Concacaf.

Su equipo de trabajo es espectacular. Mendoza es un gran líder, el preparador físico Carlos Velasco ha demostrado que es capaz y de Zape qué podemos decir. Es un señor respetado, con grandes conocimientos de su profesión y con antecedentes que enorgullecen a cualquiera.

Rueda, además, lee bien los partidos, realiza los cambios en el momento adecuado, formó una base, potenció al grupo con códigos y protege a sus jugadores. Tiene química con ellos.

El colombiano también cuenta con el apoyo de la afición y, como nunca en la historia de un seleccionador hondureño, goza del aprecio y respeto a su trabajo de parte de la prensa deportiva.

A eso hay que sumar los grandes planteamientos que utilizó ante México y Canadá. Ante el primero no debimos perder y frente al segundo recompuso el equipo después de un mal primer tiempo.

Por todas esas virtudes que ahora resalto y el sentido común con que se maneja no entiendo unas declaraciones que ha brindado a todos los medios de comunicación cuando le han preguntado sobre la ausencia de Rambo.

“Julio de León no es convocado por su presente futbolístico y por su lesión”, dijo el seleccionador.

Horas después León brilló en el estadio Ennio Tardini en el empate del Parma ante el Modena. No estaba lesionado ni pasa por un mal nivel. ¿Entonces?

Señor Rueda, valoramos su trabajo, repito, estoy seguro que nos llevará al Mundial, pero la explicación que brindó para justificar la ausencia de De León no es acorde a la dimensión que usted tiene como persona y como entrenador.

Si creía que estaba lesionado o que no andaba bien, mostraba desconocimiento. Y si no lo convocó en castigo por la explicación que dio el jugador para sustentar su tardía incorporación al equipo nacional en Miami, usted está actuando en represalia y eso no es correcto, porque lo más importante es y será siempre el “Equipo de todos”.

EL VIDA

No sé por qué, pero mi abuela, doña Concha, era aficionada del Vida. Compartíamos la misma habitación; por las noches cuando había fútbol escuchábamos los partidos de Primera División. Yo me dormía y al día siguiente ella me contaba con lujo de detalles cómo habían quedado los juegos y quiénes anotaban los goles.

Siempre me decía: “Ganó el Vida”, tres días después me informaba que había vuelto a triunfar el Rojo. Era allá por los años 81, 82 y 83 en que el equipo ceibeño alegraba todas las canchas del país.

Recuerdo a “La Palanca” Mendoza, “Papeto” Lobo, “Bululo” Carías, Natividad Barrios, Juanito Arzú, “Macho” Figueroa, Matilde Lacayo, “Tan” Martínez y el portero Medina. Era un equipazo del cual ya no queda nada. Es una lástima, da cólera que hayan convertido al glorioso cocotero en un grupo de buenos amigos que juegan a nada y que con sus actuaciones destruyen el nombre del equipo más querido de La Ceiba.