Como pronostiqué, ganó Real España. Lo que había anticipado se cumplió. Marathón llegó cansado, tanto en lo físico como en lo mental, y fue víctima de su propio presente cargado de éxitos y de una gran seguidilla de partidos.
Ojo, con esto no le estoy restando méritos al triunfo aurinegro, cuya actitud de relajamiento me decepcionó un poco. Tuvo para conseguir una goleada histórica; si no terminó pidiendo la hora fue porque Gaspar Molina, sepa usted por qué, no validó un gol que a simple vista pareció legítimo.

Pero no quiero profundizar en el partido, quiero hacerle un homenaje a la Megabarra. Era un partido para verlo en sol este y allí estuve. Confundido entre la Mega y la Furia, sintiendo el fervor del clásico, admirando el respeto mutuo de las aficiones y disfrutando con los mejores equipos del certamen.

Contrario en la cancha, porque el 2-0 resultó exiguo, en las graderías la Megabarra ganó por goleada. Alentó sin desmayo, le puso color a la fiesta, fue el jugador número doce.

Recibió al nueve al grito de ¡ídolo, ídolo! y éste respondió tocándose el corazón y señalando a varios miles de aurinegros con quienes tiene una relación de amor-amor de más de una década.

Luego el júbilo, la explosión, los papelitos, las luces de bengala y las gargantas reventándose al grito de ¡España, España, España!

El segundo pico de emoción de la noche fue el primer gol de Everaldo. A mi lado, Julio César Montoya, un hincha de aquellos en peligro de extinción.

Se puso a rezar, bajó la mirada y se desahogó hasta escuchar los gritos cargados de gol de “hermanos de raza” con playera aurinegra similar a la suya.

Luego vino el segundo grito por culpa de Pavón y de Everaldo y la fiesta fue toda catedrática.  La lluvia que cobijó al Olímpico fue, otro homenaje más, para una barra que lleva tatuado el escudo de su equipo en el corazón.

Los megas se fueron felices para sus casas. A descansar, a soñar con el partido del sábado, a imaginar el reencuentro con sus ídolos, a esperar una nueva cita con ese hermoso sentimiento que significa amar y alentar al aurinegro.

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